Hoy estaba regresando a casa de Sede Prim en la calle Fuencarral cuando vi a dos hombres sospechosos. Ellos se susurraban y miraban por todas partes como si se aseguraran de que nadie los mirara. Entonces quitaron un cartel de la pared en una manera violenta y caminaron rápido en la otra dirección. Después de que salieron, miré el cartel que ellos habían quitado y me di cuenta de que fue un anuncio para un baile para hombres gay en una discoteca. El asunto me demostró que aunque España sea un país muy liberal con el matrimonio homosexual legalizado que todavía existe la intolerancia.

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